viernes, 14 de septiembre de 2018

PRESENCIA DE LA ARMADA EN EL ORINOCO


Después de centuria y media la Armada venezolana reanudó por imperativo de la preservación de la soberanía nacional, su presencia a lo largo del Orinoco y Río Negro.
En las viejas instalaciones de la Aduana, comenzó a activarse el Comando de la zona naval fluvial, creado en enero de 1984 y el tiene como misión ejercer una presencia naval efectiva, el control y autoridad sobre el trafico en los ríos nacionales e internacionales, y constituir las fuerzas de apoyo para operaciones fluviales, a fin de garantizar la soberanía, integridad y seguridad del estado.
El comandante General de la Armada, vicealmirante Justo Pastor Fernández Márquez, tuvo mucho que ver con este acontecimiento que él entonces señaló como una manera efectiva y activa de ejercer  la presencia que la Armada tuvo desde la gesta emancipadora cuando el Orinoco y el Puerto de Angostura fueron escenarios de transcendentales acciones militares.
Efectivamente el sitio y Tomas de Angostura, apoyados por la flota del Almirante Brión, fueron definitivos para asegurar la soberanía patriota sobre la Provincia de Guayana e instalar aquí la jefatura suprema de la Gran Colombia.
En aquellos años de 1817, 1818 y 1819 la Escuadra Republicana tenía su comando en la llamada Casa del Almirantazgo, la hoy casa de los Granados, restaurada en el Cuadrilátero Histórico de esta ciudad. Aquí se estableció la primera comandancia General de nuestra Armada, bajo el comando del Almirante Luis Brión.
Durante la guerra de la independencia, la ciudad de Angostura fue apostadero General, sede del Departamento de Marina y asiento del Comando de las Fuerzas Sutiles, denominación que se daba a lo que hoy es el escuadrón Fluvial y que entonces estaba comandada en el Orinoco por el margariteño Antonio Díaz cuyos restos reposan en Caicara.
Un guayanés de la época nacido en Angostura, José Tomás Machado, capitán de navíos, se distinguió en la Toma de Angostura y su nombre ha sido escogido para identificar la Base Naval que ahora tiene  su centro en esta ciudad y jurisdicción sobre los apostaderos de Puerto Ayacucho, San Carlos de Río Negro y San Fernando de Atabapo.
El comandante fundador de la citada base fue el contralmirante Edgar Eduardo Escobar Ochoa, quien inició su labor con 25 embarcaciones menores y dos buques transportes “Arv-Margarita y Arv-Orchila”, especialmente construidos en los Estados Unidos. Estas ultimas dos unidades con capacidad de 390 toneladas de desplazamiento y 13 nudos de velocidades máximas.
El comandante General de la Armada, al declarar en servicio el comando de la zona naval fluvial, ratificó que su comando tiene como función esencial la preservación de la soberanía nacional en los espacios fluviales acuáticos del país y la de contribuir al desarrollo integral de las cuencas del Orinoco y Río Negro y el mantenimiento de esos importantes recursos hidrológicos.
El contralmirante Escobar Ochoa asumió el comando de la Armada del Orinoco consiente de la importancia estratégica de la cuenca, de los inmensos recursos renovables y no renovables que encierra la extensa área geográfica, destacando entre ellos el agua como origen y causa de la vida misma y que viene a constituir el elemento principal a conservar.  Bendijo las instalaciones el capellán (contralmirante asimilado) Gino Bernadi,  se hizo entrega de las banderas a los comandantes de los buques y finalmente se firmó el acta de entrega en calidad de comodato de las instalaciones de la vieja Aduana de Ciudad Bolívar por parte del Instituto Nacional de Puertos a las Fuerzas Armadas Nacionales y se leyeron sendos mensajes del Presidente de la República y del Ministro de la Defensa. (AF)



jueves, 13 de septiembre de 2018

Pez extraño capturado en el Orinoco


En la mañana del 3 de junio (2009) ´fue pescado en el Orinoco un extraño pez ajeno a estas aguas dulce del río.  Posteriormente los expertos lo identificaron como un Róbalo (Dicentrarchus labrax) de buen tamaño, con 2 metros de longitud de la aleta caudal hasta la boca, un peso de 84 Kg. sin viseras, siendo así unos de los más grandes reportados hasta ahora en aguas del Orinoco. Según declaraciones que obtuvimos al entrevistar a uno de los  poseedores de este ejemplar.  “El Coco”, así se identificó, dijo que  fue atrapado a la altura de Panapana, a unos 20 Km. Río abajo de Ciudad Bolívar.  Capturado en un estrecho formado por unas lajas en este sector del río.

El gigantesco Róbalo fue exhibido y vendido en el Portal  de, uno de los expendios de pescado del La Carioca. Y es un pez que lamentablemente está en fase de extinción. (AF)

miércoles, 12 de septiembre de 2018

El Orinoco se va a a la mar


Agosto y abril son los extremos del Orinoco. En agosto llega a la plenitud de sus aguas en inminente desborde y en abril casi todo el caudal del invierno se ha terminado de ir al mar.
Los extremos no son deseables y no hay río que juegue más a los extremos que este río, hechura de Amalivac para comunicar a los pueblos. Es la leyenda.
Cuando sobrepasa la cota 17.9, acaba con poblados y sembradíos y cuando desciende como en 1923 a menos de dos metros sobre el nivel del mar, es casi imposible la navegación y se puede vadear de una costa a otra saltando entre riscos y bancos de arena.
Al menos es lo que dice el bachiller Ernesto Sifontes en una de sus mono­grafías del año 58: "Según la tradición —escribe—, en 1844 hubo una enorme crecida del Orinoco que subió hasta la cuadra Babilonia... En cuanto al nivel más bajo que conocemos, lo presentó el 23 de marzo de 1923 y fue entonces cuando se cortó, se pobló de playones arenosos con canales entre ellas y de troncos secos que impedían la nave­gación, incluso la de curiaras o cayu­cos, pudiéndose ir de una ribera a otra vadeando los canales o saltando por sobre las pequeñas islas".
Cuando se registra una gran crecida como la de agosto de 2018, es posible que el próximo abril el estiaje sea muy pronunciado, podría llegar a un extremo peligroso y cortar se como en 1923, pero los ribereños no creen en esa posibilidad. No creen que vayamos a un verano severo como el ocurrido en tiempo de la "humareda", 1925 y 1926 que se em­pataron los veranos y marcó la travesía por Guayana del Profeta Enoch,
Lo bueno del río cuando se ha desaguado, cuando todo el tributo de sus afluentes se lo ha chupado el mar, son sus negras piedras monumentales, su cadena de arrecifes y grandes bancos de arena que aquí llaman playones.
El playón célebre ya pasado de moda es el de la Cocuyera donde años atrás se veían además de las lu­ciérnagas alumbrando la noche, ranitas de dos centímetros, patos y cotúas. El playón de la Cocuyera, antes de ser amurallado, se extendía desde la antigua torre del telégrafo hasta los Castillitos que era el antiguo puerto de Los Cocos. Por el lado orien­tal de la ciudad hay otro playón que es el más frecuentado por los bañistas los fines de semana.  incontrolable.
El problema estriba en que no obs­tante ser tan llano como la mejor playa margariteña, tiene algunos pozos  que son como trampas y a los  Defensa Civil colocaba trapos rojos.
El playón de la Cocuyera como la Laja de la Sapoara dejaron de ser po­pulares para la pesca, el baño y los banquetes de sandías, desde  que amurallaron el frente de la ciudad para que en agosto no se metiera al río como tantas veces lo había hecho.
Otras playas o playones de blancas y límpidas arenas son los de Isla Oro­copiche, Playa Blanca frente a playa Chacón en Soledad, los Arenales de Buena Vista y San Rafael, la playita del Degredo y los arenales de Marhuanta.

El playón de la Cocuyera se llamaba antes "La Escollera" porque contiene un escollo pedregoso contra el cual chocó hasta hundirse el vapor "Guaya­na" el 26 de noviembre de 1862. En una crónica escrita  por el bachiller Ernesto Sifontes, observador penitente del Orinoco, decía que el pla­yón de la Cocuyera era como la ante­sala de Ciudad Bolívar: "Viniendo de Soledad por lancha, es el playón la pri­mera tierra guayanesa que se pisa, y si es tiempo de río seco, como lo es ahora, la impresión que el viajero re­cibe es gratísima, dados la blancura del paisaje y lo majestuoso de ese de­pósito de arena reluciente, particular­mente si es en noche de luna llena. Tiene también su parte en deportes de juegos atléticos entre muchachos, e igualmente cuando, en las noches de luna clara, partidas de gente joven se congregan allí a comer las ricas pati­llas de la estación y en otras inspiracio­nes del dios Eros". (AF)

martes, 11 de septiembre de 2018

El Rey Leopoldo exploró el Orinoco


El Rey Leopoldo III, de Bélgica, navegó y exploró el Orinoco n 1952 y al término de la expedición escribió  el libro “El Alto Orinoco en dos tiempos 1952-2005, editado por la Embajada de Bélgica en Venezuela y el cual recoge anotaciones minuciosas y fotografías tomadas por el propio monarca, al tiempo que ubica el periplo en imágenes satelitales.
            La publicación de la obra coincidió con el aniversario 175 de la independencia de Bélgica y los 50  de la elevación de la representación diplomática belga en Venezuela a nivel de Embajada.
            Relata la obra la expedición que el rey Leopoldo III de Bélgica rea­lizó por el gran río venezolano en 1952 y la cual generó una gran cantidad de material fotográfico y audiovi­sual.
En el libro se recogen las imá­genes fotográficas tomadas por el mismo rey durante la travesía, que habían estado guardadas en los archivos del Fondo Leopoldo III, institución estatal creada por el monarca y encargada de fomentar la exploración y con­servación de la naturaleza, con sede en Bruselas. La primera parte del volumen contiene imágenes captu­radas en 1952 y textos publicados en 1956, que en conjunto retratan la visión, el ambiente y el espíri­tu del momento histórico.
El segundo tiempo plasmado en la publicación reúne imáge­nes satelitales y de radar, obteni­das entre 2004 y 2005, que permi­ten reconstruir el relieve de una zona determinada, desde cual­quier ángulo. Estas gráficas están acompañadas por textos explica­tivos de la organización que las produce, llamada Infogea.
La navegación y exploración del monarca por el Orinoco fue casi el producto de una casualidad dada cuando se le presentó  un problema técnico al barco a bordo del cual navegaba por el Mar Caribe y tuvo que detenerse en Aruba. En ese momento el Rey Leopoldo decidió, por curiosidad, visitar Caracas. En esta ciudad conoció al direc­tor del Museo de Ciencias, J. M. Cruzent, quien había acompañado a la expedición franco-venezolana en la localización de  las nacientes del río Orinoco.  A partir de esas historias, Leopoldo III exteriorizó su interés y decidió volver para realizar una expedición.  De manera que en 1952, 10 hombres, entre los que se encontraban científi­cos, médicos, cocineros e intér­pretes, recorrieron por tierra y agua la zona del Alto Orinoco, donde tuvieron contacto con varias de las poblaciones indígenas. Durante un mes visitaron territorios prácti­camente inhóspitos y compartie­ron con comunidades que aún no habían recibido el embate de la civilización. La expedición fue una combinación de viaje de ocio y estudio etnográfico. La parte científica fue abordada por el Museo de Ciencias, represen­tado por su director en el grupo de expedicionarios. También fueron recolectados objetos de diferentes zonas para estudiar las similitudes y diferencias de las comunidades del lugar.
En 1956 se publicó en Bélgica un pequeño libro sobre la expedición y las conclu­siones derivadas de la interac­ción con la naturaleza y los indí­genas. No obstante,  las fotos publicadas eran sólo una muestra de la amplia informa­ción recopilada en el viaje, que actualmente custodia y difunde el Fondo Leopoldo III.
El Rey de los belgas fallecido el 25 de septiembre de 1983 en Bruselas, había abdicado a favor de su hijo Balduino cuando se dedicó a darle rienda suelta a su pasión por la antropología social y las expediciones científicas.  Con su segunda esposa y sus hijos vivió los últimos años de su vida en la propiedad real de Argenteuil, cerca de Bruselas.  En el 2005, con motivo del aniversario de la independencia de su patria, la Embajada publicó  “El Alto Orinoco en dos tiempos”.(AF)


Dragado del Orinoco

El 3 de julio de 1950, fue creada una Comisión Interministerial por la Junta Militar de Gobierno a fin de estudiar las dos vías propuestas por la Orinoco Mining Company para el transporte del mineral de hierro cuya explotación iniciaba en el Cerro Bolívar.
            Había dos propuestas en mesa: la del dragado del Orinoco - Caño Macareo y la construcción de un Ferrocarril Ciudad Piar-Guanta pasando por Ciudad Bolívar a través de un Puente sobre el Orinoco.
            La Comisión que estaba presidida por el Teniente coronel Luis Felipe Llovera Páez, acordó el dragado del Orinoco, atendiendo a un pronunciamiento de la Cámara de Comercio de Ciudad Bolívar que presidía don Natalio Valery, y así lo aceptó la OMC que inmediatamente realizó los estudios hidráulicos respectivos y contrató a los Astilleros de la Nacional Bula Carriers, en Kure, Japón, la construcción de una de las dragas mayores del mundo, la Draga Icoa.
             La Draga arribó al muelle de Puerto Ordaz en agosto de 1961 y el 14 del mismo mes inició sus operaciones de mantenimiento del canal  principal del Orinoco, desde Puerto Ordaz hasta Boca Grande, a la entrada del Océano Atlántico, en un trayecto de 185 millas náuticas.
            Las operaciones de dragado de este inmenso barco permiten conservar esa vía fluvial abierta a la navegación de buques de gran calado y por la cual se transporta mineral de hierro y otras materias primas así como productos industriales a los mercados internacionales.  Permite además la importación de insumos y maquinarias necesarias para el desarrollo de Guayana.
            En 1976, al nacionalizarse el hierro, la Draga Icoa pasó al patrimonio de CVG Ferrominera Orinoco y en septiembre de 1981, Ferrominera la traspasó oficialmente al Instituto Nacional de Canalizaciones en acto presidido por el entonces presidente de esa empresa ingeniero Aníbal La Riva.
En agosto de 2011, El ministro para las Industrias Básicas y Minería (Mibam), José Khan, se reunió con altos representantes de empresas de la República Popular China y acordaron la creación de una empresa mixta para el dragado en el canal del río Orinoco conformada por la Corporación Venezolana de Guayana (CVG), el Instituto Nacional de Canalizaciones (INC) y una empresa china.
La empresa además se encargaría de comercializar dos insumos (arena lavada y piedra) para servir en la construcción de viviendas.
El dragado comenzó  dos meses después al entrar en operaciones la draga china, Xin Hai Hu (Nuevo Tigre Marino), luego de la firma del acta técnica en las instalaciones del Instituto Nacional de Canalizaciones,  el evento estuvo encabezado por el Vicepresidente del INC, Nelson Mariña; el presidente encargado de Ferrominera del Orinoco, Juan Aníbal Vásquez; el representante de consorcio China Comunications and Construction Company LTD (CCCC), Deang Honliing; a quienes acompañaron un grupo de la alta directiva y representantes sindicales de los trabajadores del INC; así como delegaciones de Ferrominera del Orinoco y del referido consorcio chino.
Se tenía proyectado dragar aproximadamente 37.4 millones de metros cúbicos de sedimentos en el canal exterior y 17.5 millones de metros cúbicos de sedimentos en el canal interior del río Orinoco, con el objeto de restaurar y mantener las profundidades mínimas necesarias que permitan el paso seguro de los buques que hacen puerto en los terminales de las empresas de ciudad Guayana.
Todo esto según lo contemplado en el convenio efectuado por el Gobierno  y el consorcio China Comunications and Construction Company LTD (CCCC), por un monto de 507.5 millones de bolívares.

Esto permitiría cumplir con los compromisos de exportación del mineral de hierro y otras cargas de minerales por el Orinoco.(AF)

sábado, 8 de septiembre de 2018

Las etnias del Orinoco Medio

>Alexander Mansutti Rodríguez, ex-director del Centro de investigaciones antropológicas de la Universidad de Guayana, Doctor en Antropología y Etnología, hoy en Ecuador arrastrado por la diáspora, es autor de numerosos artículos sobre econo­mía, la etnohistoria y las relaciones ambientales de los Piaron y en el Orinoco Medio y tiene en su haber de investigador dos publicaciones: una, "Hipótesis sobre el poblamiento en el Orinoco Medio durante el período proto-histórico temprano", y otra, junto con Noel Bonneuil, doctor en matemáticas aplicadas y las Ciencias Sociales, sobre "Dispersión y asentamiento inter-fluvial llanero: dos razones de sobrevivencia étni­ca en el Orinoco Medio del Post-contacto".
El estudio, basado en una abundante bibliografía de los siglos XVI, XVII y XVIII, y el cual está contenido en la primera publicación, abarca una fracción extensa de la cuenca del Orinoco (341000 luns2) dominada por el paisaje de la sabana llanera y la selva húmeda tropical. Se trata, no obstante las limitaciones que oponen la baja calidad de los datos y en algunos casos el hiperbolismo de las crónicas del pasado, de reconstruir. el poblamiento del Orinoco Medio para constatar si las sociedades que hoy se investigan responden fielmente al potencial aborigen de adaptación al manejo de condi­ciones ambientales y socio-culturales en que se desen­vuelven o si, por el contrario, son consecuencia de un severo proceso simplificador que comenzó con la llegada de los europeos.
Mansutti propone como conclusión dentro de la irregular y heterogénea ocupación humana del espacio que se constata en el Orinoco Medio, un escenario en el que la población llanera era mayor por unidad de superficie que la población de selva húmeda tropical y explica que se debía a una serie de factores que los aborígenes tení­an la capacidad de regular de acuerdo con sus bondades y restricciones.
La segunda publicación se refiere al período que suce­de al primer contacto de las poblaciones indígenas con el europeo para determinar las razones de sobrevivencia étnica en el Orinoco Medio del post-contacto, tomando en cuenta, según se desprende de las crónicas estudia­das, que hubo un descenso brutal de la población.
Un descenso brutal en el que inciden factores de desorganización social, dispersión y destrucción oca­sionados por la violencia, el terror, los desmanes, las prácticas esclavistas y las enfermedades que cundían en incontrolables epidemias.
A la luz de las crónicas de jesuitas y seglares entre los años 1681 a 1804 y conforme a sus características ambientales y sociológicas, se estudiaron 40 grupos étnicos que estaban asentados en el Orinoco Medio y luego mediante resultados censales muy posteriores y procedimientos y técnicas estadísticas determina los grupos extinguidos y sobrevivientes.
Y no sólo los determina sino que precisa los factores que favorecieron la sobrevivencia de algunos grupos étnicos del Orinoco Medio -once en total- que según las conclusiones del trabajo, fueron la dispersión y el hábi­tat inter-fluvial llanero unido a otros valores como la distribución de la población. El hábitat inter-fluvial lla­nero es representado sólo por los Guahibos, quienes sobreviven vigorosamente a la debacle en tanto que pueblos como Maypure y Caberre desaparecen debido a las epidemias y a la esclavización masiva. El mecanis­mo ecológico se distingue como factor importante de sobrevivencia, pues "mientras más disgregada y menos interdependiente estaba la población de una etnia, mayores eran las probabilidades de perpetuarse como grupo. Al contrario, mientras más agrupadas especial­mente y/o cercana a los centros de mayor concentración de colonización estaba la población de un grupo, mayores eran las posibilidades de extinguirse”. (AF)



Pez del Orinoco con aire de intelectual


Un lau-lau que lucía un bello par de anteojos de hombre ra­na fue pescado en el estuario orinoquense  por el marino de una barcasa. Lo más extraordinario del ca­so es que las gafas se hallaban colocadas en posición correcta en la cabeza de este lau-lau con aires de in­telectual. A juzgar por la cica­triz causada por el elástico, el pez las llevó puestas un tiempo bastante largo, probablemente un año o más. (AF)