sábado, 8 de septiembre de 2018
Las etnias del Orinoco Medio
>Alexander Mansutti Rodríguez, ex-director del Centro de investigaciones antropológicas de la Universidad de Guayana, Doctor en Antropología y Etnología, hoy en Ecuador arrastrado por la
diáspora, es autor de numerosos artículos sobre economía, la
etnohistoria y las relaciones ambientales de los Piaron y en el Orinoco Medio y tiene en su haber de investigador dos publicaciones: una, "Hipótesis sobre el poblamiento en el Orinoco Medio durante el
período proto-histórico
temprano", y otra, junto con Noel Bonneuil, doctor en matemáticas aplicadas y las Ciencias
Sociales, sobre "Dispersión y asentamiento inter-fluvial llanero: dos razones de sobrevivencia étnica en el Orinoco Medio del Post-contacto".
El estudio, basado en una abundante
bibliografía de los
siglos XVI, XVII y XVIII, y el cual está contenido en la primera publicación,
abarca una fracción extensa de la cuenca del Orinoco (341000 luns2) dominada
por el paisaje de la sabana llanera
y la selva húmeda tropical. Se trata, no obstante las limitaciones que oponen la baja
calidad de los datos y en algunos casos el hiperbolismo de las crónicas del pasado, de reconstruir. el poblamiento
del Orinoco Medio para constatar si las sociedades
que hoy se investigan responden fielmente al potencial aborigen
de adaptación al manejo de condiciones ambientales y socio-culturales en que
se desenvuelven o si, por el contrario, son consecuencia de un severo proceso
simplificador que comenzó con la llegada de los europeos.
Mansutti propone como conclusión dentro de la irregular y heterogénea
ocupación humana del espacio que se constata en el Orinoco Medio, un escenario
en el que la población llanera era mayor por unidad de superficie que la
población de selva húmeda tropical y explica que se debía a una serie de
factores que los aborígenes tenían la capacidad de regular de acuerdo con sus
bondades y restricciones.
La segunda publicación se refiere al período que sucede al primer contacto de las poblaciones indígenas
con el europeo para determinar las razones de sobrevivencia étnica en el
Orinoco Medio del post-contacto, tomando en
cuenta, según se desprende de las crónicas estudiadas, que hubo un
descenso brutal de la población.
Un descenso brutal en el que inciden factores de desorganización social,
dispersión y destrucción ocasionados por la violencia, el terror, los
desmanes, las prácticas esclavistas y las enfermedades que cundían en
incontrolables epidemias.
A la luz de las crónicas de jesuitas y seglares entre los años 1681 a
1804 y conforme a sus características ambientales
y sociológicas, se estudiaron 40 grupos étnicos que estaban asentados en
el Orinoco Medio y luego mediante resultados censales muy posteriores y procedimientos y técnicas estadísticas determina
los grupos extinguidos y sobrevivientes.
Y no sólo los determina sino que precisa los factores que favorecieron
la sobrevivencia de algunos grupos étnicos del Orinoco Medio -once en total-
que según las conclusiones del trabajo,
fueron la dispersión y el hábitat inter-fluvial llanero unido a otros
valores como la distribución de la
población. El hábitat inter-fluvial llanero es representado sólo por
los Guahibos, quienes sobreviven
vigorosamente a la debacle en tanto que pueblos como Maypure y Caberre
desaparecen debido a las epidemias y a la
esclavización masiva. El mecanismo ecológico se distingue como factor
importante de sobrevivencia, pues "mientras más disgregada y menos interdependiente estaba la población de una etnia,
mayores eran las probabilidades de perpetuarse como grupo. Al contrario,
mientras más agrupadas especialmente y/o cercana a los centros de mayor
concentración de colonización estaba la
población de un grupo, mayores eran las posibilidades de extinguirse”. (AF)
Pez del Orinoco con aire de intelectual

Un lau-lau que lucía un bello par de anteojos de hombre rana fue pescado en el estuario
orinoquense por el marino de una barcasa. Lo más
extraordinario del caso es que las gafas
se hallaban colocadas en posición
correcta en la cabeza de este lau-lau
con aires de intelectual. A juzgar
por la cicatriz causada por el
elástico, el pez las llevó puestas un tiempo bastante largo, probablemente un año o más. (AF)
viernes, 7 de septiembre de 2018
Natación en el Orinoco
El
domingo 26 de septiembre de 1954, una prueba de natación realizada en el
Orinoco, organizado por el profesor del instituto de Comercio Dalla Costa,
profesor de inglés Jorge Suikwoski, de nacionalidad ecuatoriana, muy activo y estaba
en todo dando lugar a que un periodista publicara un artículo titulado “El
Múltiple Profesor Suikwoski”
La prueba de natación fue cumplida desde Playa Blanca
en Soledad, hasta el Mirador Angostura y ganada por el nadador José Ángel
Fernández.
Fernández pudo dominar las corrientes en una distancia
de 3.000 metros. La prueba disfrutada
por un público alborotado a todo lo largo del malecón, tuvo lugar en horas
tempranas de la mañana y cuando el río cabeceaba para emprender su lento
descenso. Oscar García, quien en
pruebas posteriores destacaría, llegó en
cuarto lugar lejos.
El 13 de diciembre del mismo año se realizó
otra competencia con mujeres de Perro Seco y una campeona de Yugoslavia de
nombre Elena Develac, vencida por la
joven Crucita Ramírez. Otra Crucita,
pero de apellido Ramos, arribo en el tercer lugar.
Esta Crucita Ramos, además de excelente
nadadora, practicaba el Kun Fu y cuenta que una noche estando sola en su casa
mientras su marido estaba en la Siderúrgica, se le metió un ladrón en la
casa. Le aplicó varias llaves de arte
marcial y lo puso en fuga. Lo curioso
del caso es que luego salió a poner en alerta a los vecinos y cuando éstos
salieron, cayó desmayada.
Ese día el Ferry Angostura permaneció
inactivo y los parroquianos creían era para no perturbar la prueba de natación,
pero luego se percataron de que fue por un accidente: El Mirador de la Zapoara que había sido
levantado por el Gobierno en las inmediaciones
de la Laja con el nombre de “Mirador Sifontes” se vino al agua al ser
embestidas sus columnas por la proa del Ferry, dominado su timón por corrientes
encontradas del Orinoco.
A bordo del Ferry había llegado ese
día Carlos Ochoa, copropietario de la
emisora de Puerto La Cruz “Ondas Porteñas” .
Llegó a Ciudad Bolívar con el objeto de entrevistarse con el profesor
José Francisco Miranda, interesado en la compra de “Radio Bolívar”. Estuvo ofreciendo cien mil bolívares, pero
Fitzí le respondió que la radio no estaba en venta. Más tarde se arrepentiría
pues llegó a entenderse con el Catire Isturiz, quien había enviado a sondear
esa posibilidad con José Antonio Fernández.
También había llegado esos días, por avión, Vitelio Reyes “El Hombre del Lápiz Rojo”
que censuraba en la prensa nacional las informaciones y artículos de opinión
contra el régimen de Marcos Pérez Jiménez.
Visitaba Ciudad Bolívar para dictar una conferencia en el Auditorio
Simón Rodríguez. Por supuesto contra la
libertad de prensa. Se escapó de milagro, toda vez que el avión de la Línea Aeropostal, identificado
con las siglas YV-C-AMP, se estrelló luego contra un cerro El Pao, en dirección al aeródromo de Tumeremo
y perecieron en el siniestro su piloto David Quintero y el copiloto Rafael
Rodríguez.
La noticia se supo por Radio Bolívar luego de
interrumpir una cuña de la Sears Roebuck de Venezuela. Ubicada en el Paseo Falcón se promocionaba así “Llegó
hasta el río Orinoco en Ciudad Bolívar la Sears. Como siempre, está a las ordenes con su tema
universal “Compre hoy y pague mañana”.
En su aniversario, la Sears solía
nombrar “Gerente por siete días” a uno de sus empleados con notable rebaja de su mercadería que atraía a
gente de todas partes y a la cual por cierto promocionaba en su traje de baño
la nadadora Crucita Ramírez. (AF)
jueves, 6 de septiembre de 2018
El niño que cruzó el Orinoco
Entre los atractivos de la Primera
Gran Feria del Orinoco en 1967,
destacaron los eventos deportivos, sumado a ellos como realmente conmovedor, el
cruce a nado del Río Padre por el niño Gustavo Suikowski, de ocho años de
edad.
Gustavo,
hijo del Profesor Suikowski, del Instituto de Comercio Dalla Costa, se lanzó al
río desde el Puente Angostura y nadó seis kilómetros hasta El Mirador en la Playa de la Cocuyera,
donde fue recibido por la multitud que lo colmó de aplausos y besos. Por supuesto, la Junta de Feria le entregó un
trofeo.
La
carrera de motos en circuito cerrado, se realizó en la zona residencial de
Vista Hermosa y participaron delegaciones de Aragua, Carabobo, Distrito
Federal, Guárico, Portuguesa y Bolívar.
La primera prueba, 50 cc y con promedio de 85, 4 kilómetros por hora fue
ganada por Armando Díaz, del Estado Bolívar.
Segundo, Víctor Bracamonte (DF) y tercero Julio Darrimple, de Bolívar.
La
segunda competencia de 100 cc la ganó Adamo Tursini, de Miranda y la tercera y
última, de 250 cc, con promedio de 125,3 kilómetros por hora fue para el
representante del Distrito Federal, Pedro Betancourt.
El
Clásico Primera Gran Feria del Orinoco correspondió a la quinta carrera del
programa hípico del Hipódromo Municipal y fue ganado brillantemente por el
ejemplar “Monte Hermoso”, conducido
por Pedro Celestino Hernández. En
segundo lugar llegó “Volante” y
tercero el caballo “Tresillo”.
El Trofeo
Primera Gran Feria del Orinoco en el Cuadrangular de Béisbol amateur,
entre Bolívar, Aragua, Anzoátegui y Distrito Federal, lo ganó, score de 6x2, el
equipo de Anzoátegui frente al Distrito Federal con pitcheo y bateo ejemplares
del pelotero Juan Hernández.
La
competencia de natación se realizó en distancia aproximada de seis kilómetros,
comprendida entre el Puente Angostura y el Mirador. Fue ganada por Miguel
Itriago, de 23 años, representante de la Embotelladora Orinoco. En segundo
lugar, llegó Mario Martínez Araya, representante de la PTJ y en tercer puesto,
Pedro Martínez. Los otros participantes fueron Ramón Torrealba, Pedro Mendoza y
Juan Mejías. La prueba se inició a las 11:45 del 15 de enero y terminó a las
12:15. Hubo gran afluencia de gente a lo largo del Paseo Falcón presenciando el
evento.
La
carrera de motos en circuito cerrado se efectuó en la zona residencial, de
Vista Hermosa, con la participación de Aragua, Carabobo, Portuguesa, Bolívar y
Guárico. La primera prueba, 50 cc con promedio de 85.400kms, por hora, fue
ganada por Armando Díaz, quien corrió representando al Estado Bolívar. De
segundo llegó Víctor H. Bracamonte, del Distrito Federal y de tercero Julio
Darrimple, de Bolívar.
El
famoso periodista norteamericano Drew Pearson estuvo como invitado disfrutando
de la Feria del Orinoco y destacó la importancia extraordinaria de Guayana para
el futuro de Venezuela, En Guayana está “el
nudo básico del desarrollo nacional”.
Ningún país de América ha sido tan bien dotado por la naturaleza, ni
puede ufanarse de tener un régimen institucional tan sólido como Venezuela.
Por
su parte, Germán Arciniegas, escritor y periodista colombiano, opinó que el
Puente Angostura es una obra fundamental que complementa los otros aspectos que
viene cubriendo el Gobierno venezolano para transformar una región ayer
selvática, en una cantera de progreso.
Se
me antoja, dijo por su parte el
periodista García Peña, director de “El Tiempo” de Bogotá, que este maravilloso Puente de Angostura que
acaban de inaugurar es el símbolo del salto hacia el futuro que ha dado
Venezuela y que hace olvidar la etapa pastoril de Juan Vicente Gómez para visionar
un panorama que halaga a las nuevas democracias de América.(AF)
miércoles, 5 de septiembre de 2018
Los Vegueros del Orinoco
El Gobierno del ingeniero Raúl
Vásquez Zamora, manifestó preocupación por los vegueros del Orinoco, dada su
vida inestable, azarosa, errante, siguiendo islas y vegas durante el estiaje
para hacerlas fructificar, y refugiándose durante el invierno lluvioso en
cualquier rincón alto de la ribera.
Los vegueros, o lo que es igual,
campesinos de capotera y canalete, que
cultivan tierras movedizas de las islas y
costas bajas del Orinoco, llevan vida difícil,
inquieta, nómada, estrecha, pobremente
sencilla. Distinto a lo común, no
cultiva en invierno sino cuando comienza el verano ya que
sus sitios de siembra son las islas y las partes bajas de los recodos de los ríos y tales
sitios durante la estación invernal están cubiertos por
las aguas.
Al iniciarse el estiaje, va al mismo tiempo cultivando la
tierra que va dejando atrás el descenso lento de las aguas. Aprovecha la humedad concentrada que durará
varios meses y el rico abono de los materiales sedimentarios depositados por el
río. Cuando el verano llega a su
término, ya la semilla se ha convertido en fruto maduro que el veguero cosecha,
empaca y embarca a bordo de su curiara india y lleva al puerto más cercano para
ofrecerlo al mejor precio.
El retorno del veguero es triste porque ya no podrá vivir
en el mismo sitio, pero lo deja limpio, libre de abrojos y chamizas. Navega en su curiara y busca un paraje alto a
la margen del río y allí se acomoda con su familia a esperar que mengüe la
lluvia. Muchas veces cuando regresa de
vender sus frutos, el río ha vuelto a subir y arrasado con sus cosas.
La idea del Gobernador nunca materializada, era romper
con esa rutina improductiva del veguero que lo aislaba de las conquistas
sociales y económicas establecidas en la Ley de Reforma Agraria. Una comisión gubernamental que estudió
el problema propuso la ejecución de pequeños asentamientos en las partes altas
del Orinoco de manera que durante el invierno ellos pudieran continuar una vida
activa y segura para la familia.
Los vegueros del Orinoco son familias diseminadas a lo
largo de las costas del Sur del Guárico y Norte del Estado Bolívar. Conocidos
son en los puertos de mercadeo las vegas e islas de
zonas de Parmasa, El Brisote, Cabruta, Caicara y Las Bonitas. Los padres y sus hijos continúan la tradición
de los abuelos trabajando las tierras anegadizas del Orinoco sin más
herramienta que el machete bien afilado y los artefactos de madera que el
ingenio y la experiencia les deparan para labrar mejor la tierra que le abona
el mismo río y siempre buena para la siembra del algodón de fibra larga o
corta, el frijol, la patilla y el melón que sacan hacia fuera y para el consumo
familiar, el topocho, la yuca y otras verduras
El veguero del llano es distinto al del Orinoco, vive
dentro de los hatos, macilento y miserable, explotado por los caporales. Una idea de él nos la describe Gallegos en su
novela “Cantaclaro” con Juan el Veguero en dialogo con Florentino que después
de devorar leguas en su caballo llega todo hambriento a su rancho y sólo
encuentra un topocho mal asado y una yuquita zocata.
La vida del veguero del Orinoco la capta y exhibe muy
bien en un cortometraje el cineasta guariqueño Carlos Gómez. El filme presentado en el sexto festival de
cine documental de Caracas 2011, está ambientado en las costas del Orinoco Medio
durante el período de cosecha que es el momento más importante y difícil del
año para este resignado labriego del río.(AF)
martes, 4 de septiembre de 2018
Los voladores del Orinoco
Voladores o Papagayos
multicolores solían en el paseo invadir el cielo de la ciudad eternamente recostada sobre el
Orinoco. Chicos y grandes hacían posible una tarde inolvidable y los viejos hacían memoria y contaban historias de las
jubilosas temporadas de vientos fuertes para montar los artefactos de papel y
varilla justamente cuando no había aviones sino gaviotas y zopilotes surcando
el cielo de Angostura.
Todavía en 1969,
tiempo de cuaresma, cuando la brisa sopla abundante desde el Este y los
voladores, papagayos, cometas y barriletes, no tardaron en remontar el cielo ya
teñido por el crepúsculo que se filtraba desde el occidente por los claros del
puente Angostura hasta reflejarse de lleno sobre el Orinoco.
Aquí frente a
la piedra del Medio y desde la zona ribereña del Mirador Angostura, la juventud
montaba con emocionado orgullo sus multiformes voladores.
La gente de
toda edad, clase y tamaño se acomodó en las gradas de una tribuna colocada por
soldados del ejército y los que no encontraron espacio, cubrieron inquietos los
alrededores hasta tocar con sus pies al río de las sietes estrellas. Fue un
espectáculo hermoso, una tarde especial para los niños.
Hubo premios,
desde una bicicleta hasta un par de patines y reloj de pulsera para los chicos
más expertos en montar sus voladores. Los hubo de todos los tamaños y de la más
variada formas, con doble cola, escalonadas de puntillas cortantes y sus hilos
largos, tensos y con grandes barrigas que se perdían en el aíre. Voladores con trompetas
y papeletas que vibraban ruidosamente, los que daban vuelta y respondían a las
más estilizadas y ágiles figuras.
La emocionante
diversión de los papagayos que había desaparecido de estas tierras desde que se
iniciaron los vuelos espaciales, tomó vida de nuevo con motivo del Festival del
Niño que aquí prácticamente se había afincado y que culminaba el 24 de
diciembre con el gran reparto de confites y regalos.
En los países
orientales como China y Japón, el juego
es antiquísimo y en Venezuela este arte y afición
nos vienen desde la Colonia, al igual que en otros países de la América
Latina como México y Cuba, donde nuestro tradicional volador recibe el nombre
bonachón de “Papalote”.
En nuestro país, además
de cometa y volador, también se le dice “Papagayo” y “barrilete” y los hay de
formas múltiples representando peces, pájaros, mariposas, murciélagos, mujeres
y hasta instrumentos musicales, provistos de una cola larga y una lengüeta de
papel tras la trompeta que vibra con el viento.
El tráfico de la ciudad
moderna, los postes y tendidos del alumbrado eléctrico prácticamente han
acabado con el cometa. También los aviones que vienen siendo grandes e
invencibles competidores.
La emoción del papagayo
prácticamente se ha perdido y solamente de él está quedando el recuerdo o la
vivencia trasladada a los libros, como esta de Juan Rulfo, en “Pedro Páramo”:
Pensaba en ti, Susana. En las
lomas verdes, cuando volábamos papalotes en la época del aire. Oíamos allá
abajo el rumor viviente del pueblo mientras estábamos encima de él, arriba de
la loma, en tanto se nos iba el hilo de cáñamo arrastrado por el viento.
“Ayúdame Susana”. Y unas manos
suaves apresaban nuestras manos. “Suéltame más hilo.
El aire nos hacía reír, juntaba
la mirada de nuestros ojos, mientras el hilo corría entre los dedos detrás del
viento, hasta que se rompía con un leve crujido como si hubiera sido trozado
por las alas de algún pájaro. Y allá arriba, el pájaro de papel caía en maromas
arrastrando su cola de hilacho, perdiéndose en el verdor de la tierra. (AF)
lunes, 3 de septiembre de 2018
Panorama del Hombre del Orinoco
En 1969, el doctor Jorge Armand
hijo, Director del Instituto de Investigaciones Antropológicas de la UDO, me
informó tener indicios de ciertas regiones de Guayana de donde mineros le
habían traído muestras de piezas que parecen tener una edad entre 15.000 y
17.000 años.
Consideraba
que estas piezas son sumamente importantes para el conocimiento del origen del
hombre en Venezuela y de la
América en general. Las piezas tienen una gran semejanza con
las halladas por el doctor Cruxent en el Estado Falcón, y fueron más tarde
incluidas en una exposición previa al 12 de octubre, Día de la Raza , que presentó al público
de Guayana y que tituló “Panorama del Hombre del Orinoco”.
El doctor
Armand reveló también haber realizado excavaciones arqueológicas en una zona
próxima al sitio donde fueron localizados los petroglifos de Guri, y
determinado la existencia de un antiguo cementerio en el cual resaltan las
características de que los
enterramientos eran sólo de cráneo dentro de una vasija de cerámica, sin ningún
otro aditamento. Este cementerio, de acuerdo con el método de carbón catorce
practicado por el IVIC, tiene una edad aproximada de 2.030 años. El doctor
Armand dijo que los petroglifos de Guri deben tener esa misma edad y se lamentó que la mayoría de ellos queden
sumergidos en el Lago de la
Represa sin que
ninguna institución muestre interés por recatarlos.
Expresó
que tiene una lista de zonas para ser exploradas y que forman parte de su
programa de investigación. Entre esas zona citó a Candelaria, donde los
bañistas han dañado algunos grabados valioso sin reparar que existe una Ley de
Protección y Conservación de obras, artísticas y antiguas que establecen
sanciones contra quienes dañen un documento de esta naturaleza.
Las
observaciones y sugerencias de Armand fueron tomadas en cuenta cuando la
CVG-Edelca acometió lo que conocimos como “Operación Rescate” antes del llenado
del Lago de Guri que iba a alimentar las turbinas hidroeléctricas y
posteriormente, el Gobernador Manuel Garrido Mendoza emitió un decreto
disponiendo la protección de los objetos prehispánicos y prohibiendo su
comercio y salida fuera de Guayana.
Jorge
Armand, debido al poco interés y carencia de recursos universitarios, estuvo escaso tiempo frente al Instituto de
Investigaciones Antropológicas de la UDO.
De manera que no vio otra salida que separarse y optar por el
ofrecimiento que le hacían desde otros centros de estudios universitarios en la
India, a donde fue a parar. Años después
lo vimos a través de informaciones de prensa,
encabezando el grupo de antropólogos de distintas especialidades que
tenían a su cargo llevar adelante el proyecto de rescatar los valores
arqueológicos de la isla de Cubagua, la antigua Nueva Cádiz de los españoles
conquistadores y colonizadores, proyecto que dolorosamente quedó frustrado al
quedar inconclusas las actividades por falta de recursos y asistencia del
Ministerio de la Cultura.
Jorge Armand
siempre ha sido un profesional inquieto, no se quedó siguiendo el destino de
muchos, como simple Antropólogo, sino que realizó
Postgrados en Francia, Alemania, Holanda y la India. Doctorado en Arqueología
(Ph.D). Hasta ahora suma importantes excavaciones arqueológicas en la India y
en Venezuela y ha publicado numerosos
artículos y libros sobre su especialidad. Profesor Titular de la Universidad de
Los Andes. Sobre su experiencia arqueológica en Nueva Cádiz de Cubagua, prepara un libro por encargo de la Fundación
Francisco Herrera Luque.
Nueva Cádiz fue la primera ciudad fundada en
Venezuela. Constaba de cuatro calles y
dos avenidas. Los colonos abandonaron la ciudad en 1543, después de agitar los
yacimientos de perlas. Antes un Tsunami,
ocurrido el día de Navidad de 1541, le causó grandes daños. (AF)
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